"Érase una vez una casa sin ventanas"



Érase una vez una casa sin ventanas.

Cada día, la luz del sol, solo podía entrar en la casa por la puerta.

Los días de lluvia, la puerta se cerraba y todo quedaba a oscuras.

No había ni un resquicio de penumbra.

Detrás de cada rincón, un cúmulo de probabilidades se abría


Eran los momentos de más terror.

Los pensamientos no paraban.

Podría ser un monstruo el que estaba al acecho. 

O quizás un lobo hambriento.

O peor... Tal vez un hombre lobo con ganas de sangre.


En fin... 

La casa no era ajena a aquellos miedos y esos días oscuros y sin sol, jugaba a la petanca en el piso de arriba.

Los ruidos eran escandalosos.


Nunca había tanto ruido cuando entraba la luz.

Pero cuando se iba...

Ay. Cuando se iba...


Era todo como en una película de miedo.

Hasta los vecinos hacían un ruido mortal.

¿Quién arregla a golpes cualquier cosa, un día de tormenta?

Pues ellos.

Mis vecinos...


Creo que nunca se han dado cuenta del malestar que producen.

O quizás sí.

Es posible que formen parte del elenco.

Ellos son los actores secundarios.


Mi casa y yo, desgraciadamente tampoco somos los protagonistas.

Sin duda, la reina del film es la oscuridad.

Siempre gana.

Y mi familia y yo, terminamos escondidos debajo de la mesa del salón.

Hacemos que jugamos a la tienda de campaña. Incluso encendemos velas...

Pero en realidad estamos luchando por sobrevivir en nuestra cabeza.

Y la mayoría de las veces, no lo conseguimos.

Es el juego más penoso del mundo.


Hasta que las nubes se van...

En ese instante todo vuelve a parecer normal.

Nos miramos unos a otros y sabemos que tenemos que hacer...

Disimular.

Hasta otro fatídico día...

En el que el sol desaparezca.

Érase una vez una casa sin ventanas...


(Carolina Sánchez Molero)

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