"La sombra"


Otra vez he tenido insomnio esta noche.

Desde que aquella extraña figura se presentó en mi habitación, ya no descanso.

Durante el día todo me parece irreal.

Por la calle ando como en una nube y todos los que pasan cerca de mí, parece que no me ven.

A trompicones camino evitando sillitas de bebé, pisotones y paraguas gigantes en los días de lluvia.

Si por lo menos pudiera dormir un poco. Aunque solo fuera unos minutos…

Pero ni siquiera cuando creo que duermo, soy capaz de descansar.

La sombra alta y gris aparece en todas mis pesadillas.

Se me acerca sigilosa e intenta cogerme. Y muchas veces lo consigue. Siento el peso de su cuerpo en el mío. Y me corta la respiración. Y el sueño…

Despierto con esfuerzo en un mar de sudor y lágrimas, sin entender muy bien el porqué de todo lo ocurrido.

Ruego que me deje en paz, pero la figura se acerca demasiado a los pies de mi cama.

Y no. No me hace caso. No desaparece cuando se lo pido. Continúa allí de pie, sin movimiento perceptible. No le veo la cara porque es oscura, pero sé que su mirada es terrorífica. Se clava en mis ojos. Penetra en mi alma. Y no hay espacio para pensar. Me convierto en un bebé que necesita a su mamá, vuelvo a ser el niño que sin el beso de buenas noches no se quedaba dormido, intento repetir en voz muy alta alguna canción infantil de las que espantaban monstruos… Pero nada funciona. Nada…

Lo peor es que casi todos los sueños ocurren en el que era mi lugar favorito de la casa: en mi dormitorio.

Mi lugar mágico. Mi cueva. Mi conexión con el ahora…

Donde desde muy joven aprendí a aislarme del mundo exterior. Cuando mi cuerpo cambió y mi voz con él, me convertí en el típico adolescente encerrado en si mismo. No salía del dormitorio para casi nada. Y cuando dejé atrás esa época seguí buscando la paz y la tranquilidad en esas cuatro paredes, que no siempre tuvieron la misma forma ni estuvieron en el mismo lugar, pero que a mí me seguían ofreciendo el silencio en una sociedad caótica y falta de empatía…

Por eso siento que mi caparazón de tortuga se ha roto… Y ya no soy capaz de mantener la cordura.

Sé que debería de hablarlo con alguien. Por lo menos con algún amigo, pero no creo que estén dispuestos a escuchar mis neuras.

Hay un momento en el día en que me siento relajado. Y esto ocurre, cuando al volver del trabajo me tumbo en el sofá y enciendo la televisión.

Ahí si que no puede conmigo. Se me olvida por unos instantes que existe y que pronto llegará la noche. La temida noche…

Una respiración entrecortada me ha sacado hoy de mis ensoñaciones diurnas. Me he dado cuenta de que era yo mismo, cuando he abierto los ojos de repente.

Y allí estaba ella. O por lo menos eso he creído ver.

La sombra gris, mucho más alta que yo (que ya es decir, ya que soy bastante alto. De joven jugaba en un equipo de baloncesto, y era uno de los mejores…), me miraba desde una de las esquinas de la habitación.

— ¡Nadie te ha invitado! —. He gritado con rabia—. Vete de mi casa.

La sombra se ha mantenido quieta. Yo he vuelto a cerrar los ojos deseando no volver a verla.

Y al abrirlos ya no estaba. Pero yo ya me sentía perdido. Y exhausto de tanta locura.

Insomnio… vaya palabra que he conocido a estas alturas de mi vida. Nunca tuve problemas para dormir. De hecho, siempre he sido la envidia de mis conocidos y familiares. Podía dormir doce horas o más, sin darme cuenta. Era tan fácil la vida entonces.

Respiraba dos veces y me quedaba profundamente dormido. Tampoco recuerdo haber soñado…

En ocasiones, un alboroto de voces conseguían despertarme:

— ¡Vamos! —decían—, ya era hora ¿Seguro que no está muerto?

Y lo parecía de verdad… realmente muerto…

Por eso, esto que me ocurre ahora es nuevo para mí.

Yo escuchaba historias de personas que vivían atemorizadas por algo y que no podían dormir. Siempre pensaba que eran unos exagerados.

— Todo el mundo duerme… Aunque no quieran —. Pensaba.

Que iluso era entonces.

No sé como solucionar este insomnio.

La falta de sueño me está marcando las bolsas de los ojos. Cada vez están más oscuras y por eso he dejado de mirarme al espejo. No me gusta en lo que me estoy convirtiendo. En lo que la sombra está haciendo de mí…

Aunque hay un lado bueno.

Las noches en las que ya no puedo más, me levanto despacio y hago maquetas de aviones.

Siempre me han gustado esas maquetas. Desde pequeño.

Ya llevo hechas cuatro.

Aún no tengo pensado que hacer con ellas.

Lo cierto es que esa no es mi preocupación fundamental.

Yo solo quiero dormir bien.

Tan solo eso. Cerrar los ojos y dormir.

Sin sombras, sin pesadillas, sin miedo…

Puede ser que no lo consiga. Quién sabe.

Aunque a lo mejor termine yo por convertirme en esa sombra alta… en esa sombra gris.

Tal vez ya lo sea.

Y si lo soy, quizás me estoy volviendo realmente loco.

Esta mañana he tomado cinco cafés en el curro para mantenerme despierto.

Pero mis tics no han tardado en aparecer.

Las muecas que hago con la boca y las palabras repetitivas que digo sin darme cuenta me han metido hoy en un buen problema.

Mi jefe me ha dado el “día libre”.

“Sino estás bien, vete a casa”, me ha dicho con la voz notablemente nerviosa.

Mientras me decía eso, he cerrado los ojos y me he imaginado en casa y no he podido evitar dar un grito.

Un grito que han escuchado hasta en el piso de arriba.

Lo sé porque al salir del despacho, un corrillo de compañeros me estaban mirando y enviándose mensajes al grupo del Piso de Arriba… Por supuesto, nadie se ha percatado que estoy en ese chat desde hace meses.

Es lo que tiene ser invisible… Para lo bueno y para lo malo.

O paso totalmente desapercibido o soy el hazmerreír del lugar…

Sudo mucho. Siempre. Pero últimamente sudo demasiado.

Mi camisa poco a poco se ha ido empapando y mis manos estaban tan mojadas que han caído unas gotas encima de la mesa.

Mi jefe no ha sido benevolente.

Con un grito me ha mandado bien lejos.

Si me hubiera dejado contarle mis temores…

Le habría narrado con detalle la peor noche de mi vida.

Estaba profundamente dormido. Mi cuerpo parecía inerte. Boca arriba comencé a ahogarme. No podía respirar.

El ser me oprimía con fuerza mis pulmones. Encima de mí comenzó a mover su cuerpo de modo lascivo.

“Me ahogo”… pensé aún dormido.

La sombra gris disfrutaba de mi sufrimiento.

No podía moverme. No podía gritar. No podía hacer nada.

Conseguí deshacerme de su peso y me levanté, aún en sueños.

En mitad de mi habitación, la sombra me observaba.

Intenté abrir la boca para dar un grito. El grito que di tan bien en mi trabajo… Pero no pude.

La sombra se acercaba cada vez más.

No sé como pasó, pero me desperté.

Sudando, con el miedo en el cuerpo y con ganas de salir corriendo.

Pero… ¿A dónde?

¿Dónde se puede huir si tus terrores están en ti?

¿Cómo escapar de algo intangible? ¿De algo inexistente?

Pero tan real…

Mañana he quedado con un amigo para irnos de fin de semana a la montaña.

Será la primera vez que duerma con alguien al lado desde que padezco insomnio.

Temo despertarle en plena noche con un grito desgarrador.

Me da vergüenza decirle lo que me pasa.

Lo cierto es que esa persona me gusta. Y mucho.

La primera vez que lo vi pensé que su cuerpo parecía música.

Desde entonces, no hay noche que no sueñe con él.

Incluso tengo conversaciones enteras con una especie de espectro nocturno, con la cara y la voz sensual de él.

Después de contarle mis peripecias en el trabajo, le digo lo solo que me siento.

Y abrazo la almohada, deseoso de que esa noche no me despierte la sombra.

Pero no tengo suerte.

Tengo tanto miedo a quedarme dormido, que intento mantenerme alerta en todo momento.

Después de estar despierto hasta bien entrada la madrugada, mi cuerpo y mi mente desfallecen.

Pero por poco tiempo.

En unos minutos, la sombra gris me ahoga y mis pesadillas se vuelven realidad.

Estoy dormido pero despierto.

Estoy quieto pero en movimiento.

Mis ojos no paran de ir a un lado y al otro.

Escucho mi respiración y sé que estoy vivo.

Pero no tardo nada en intentar mover mis piernas. Sin éxito.

Tampoco puedo gritar.

Nunca lo logro.

Estoy atrapado como en el Día de la marmota.

Pero en una pesadilla que no cesa.

No quiero que llegue la noche.

No puedo más.

Ojalá supiera que hacer para parar a la sombra.

Ojalá estuviera aún vivo para intentarlo.

Pero ya no hay vuelta atrás.

He dejado que me atrapara.

Por fin lo comprendo todo.

Yo siempre he sido ese ser gris y maquiavélico… Y nunca dejaré de serlo.

Espero que esta noche duermas con un ojo abierto… Porque en cualquier rincón de tus miedos apareceré yo.

La sombra…


(Carolina Sánchez Molero)

Imagen. Pixabay. Autor: skitterphoto.

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