16 jul. 2013

“La Fábula del Ratón”

Un pequeño ratón trepó por el alfeizar.
De repente un gato, saltó hacía él y lo atrapó.
El ratón estaba ahora entre las fauces del felino y apenas podía respirar.
Se lamentó:
- Hace tan poco tiempo que estaba tan feliz… Hoy iba a ser un día tan especial…
Con aire de superioridad, el gato blanco, se contoneó cerca de la ventana con su trofeo en la boca.
Pensó:
- Aquí estoy yo. Soy el jefe y nada ni nadie puede conmigo.
El ratoncito estaba cada vez más y más asustado. Tanto, que dejó de moverse. Estaba tan tieso, que el gato lo escupió:
- ¿Qué es esto? – Preguntó con un gran maullido - ¿Es que acaso te piensas que te voy a comer así? A mí me gusta de todo lo mejor y sobre todo la carne muy blanda…
Cuanto más hablaba el gato, más se despistaba de lo que estaba haciendo el ratón.
Éste, de forma sinuosa, había optado por arrastrarse hasta un pequeño agujero que se abría paso entre los matorrales del caserón.
- Creo que no me ha visto – Cantó triunfante el pequeño roedor – Está claro quién es el más listo…
Sin embargo, justo en ese preciso instante, uno de los dueños del lugar, apareció por la puerta principal.
- ¡Gato! – Exhortó al minino – Te tengo dicho que no dejes ni a un solo ratón vivo. Los queremos a todos muertos y enterrados ¿Entiendes? – Con una escoba en una de sus manos, comenzó a sacudir dentro del agujero donde se pertrechaba el pequeño animal – Venga, estate atento, que ya sale.
Velozmente, el ratoncito surgió de su escondite, y se topó de frente con las fauces del gato.
 Sin poder remediarlo, el ratón se encontró dentro de la boca del felino.
- Es el fin – Se lamentó de nuevo – Apenas me queda tiempo para recordar quien he sido… Pero por lo menos sé quién soy.
Con un gran mordisco en la lengua del otro animal, el ratón consiguió liberarse de nuevo de su atacante.
Al momento, un extenso grupo de ratas de todos los tamaños, llegó por la ladera hacía la gran casona.
- Ya estamos aquí – Gritó una de ellas – ¡Somos más pequeñas! – Exclamaron al unísono – Pero… Somos más…
Con aquellas palabras, se enfrentaron al gato y al dueño del caserón y consiguieron entrar dentro de la vivienda.
- Un gato, y dos humanos, no podrán con todas nosotras – Uno de los líderes de la marcha, no dejaba de cantar y gritar “yo puedos”, sin descanso.
- Somos más. Somos un grupo. Nada ni nadie nos hará callar. Vivamos en la mansión.
Con la alegría de una fiesta, los ratones se acomodaron en su nuevo hogar, sabiendo que todo volvería a ser como siempre fue, antes de la llegada de los humanos y el gato a la casa.
- Nos echaron de nuestro hogar y nos dejaron si nada. A muchos nos mataron sin control… - Dijo una de las ratas más ancianas – Pero ya no más. Hemos regresado. Hemos tomado las riendas de nuestra vida.
Sin palabras que decir, los humanos y el gato, abandonaron la estancia, con la cabeza gacha.
- En parte llevan razón – Dijo el gato – Pero hay más sitios como éste – Mientras reían nerviosamente, se les vio girar por el camino y desaparecer.
- Estamos en casa. Todo va a salir bien. Viva la revolución – Sin más, los ratones comenzaron a vivir en armonía y tranquilidad… Tal y como estaban cuando los humanos y el felino, aún no existían en sus vidas.
Recuerda: Cuando creas que nada puede cambiar y que todo está mal, abre los ojos y sé paciente. Al final todo llega y todo se paga. La “revolución” está en marcha.

3 comentarios:

la.eu dijo...

Si se puede!!! Porque la unión hace a fuerza. Abrazos de oso.

Anónimo dijo...

Bueno como cuento para niños pequeños
para que se vallan a dormir, esta bi-
en, pero como ejemplo, para afrontar-
los problemas reales de los adultos--
es para hecharse a reír, esto es de--
bobos o que ?...ridículo.

Carolina Sánchez Molero dijo...

Hola Anónimo :) Me alegra que te guste y te parezca bien, mi fábula o cuento (para niños o no tan niños ;)
Este blog es de relatos cortos, que nada tiene que ver con el de psicología positiva (en el cual, si suelo escribir relatos o artículos, más enfocados a personas de más edad)... Gracias por tu comentario. Un saludo