1 abr. 2013

STOP Desahucios

Me asome a la ventana para ver si habían llegado...

Llevaba días sin salir de casa... En pijama y sin peinar... No tenía ganas de nada desde que me echaron del trabajo...

Mis padres venían a menudo a verme y a limpiarme un poco la habitación en la que vivía, mientras suspiraban por los rincones, haciéndome sentir cada vez más poca cosa.

- Hija... - Me decían casi en susurros - Tienes que animarte y salir... Nadie va a venir a sacarte de donde estás.

Con consejos sabios me animaban a ser lo que había sido...

Sin embargo, ya no tenía ganas de ser yo...

Ser yo, solo me había traído problemas y relaciones desastrosas. 

- Si te hubieras ido al extranjero como tu hermano... - Me decían apesadumbrados - Ahora serías directora general por lo menos...

En fin... Esa había sido mi vida hasta hace unas pocas horas... 

Ahora estaba asombrada ante los acontecimientos que comenzaron la noche anterior.

El cielo anoche parecía querer acompañar mi desdicha y mi desazón ante lo que estaba viviendo. 

Se nubló en cuestión de segundos y un frío escalofriante llenó mi pequeño piso.

Creí que la calefacción se había roto... Así que me acerqué al radiador con unos alicates, dispuesta a intentar arreglar aquel viejo calentador.

En mi mente sabia que nada podría quitar ese frío que sentía desde hacia meses en mi interior... Pero tenía una pequeña esperanza de poder dejar la habitación igual de caliente que estaba hacia tan solo unos minutos.

Un fuerte viento abrió entonces la ventana. Dejé corriendo lo que estaba haciendo y fui hacia ella...

El aire me empujó hacia la otra punta de la habitación, tirándome al suelo.

Me incorporé como pude y volví hacia la ventana...

Abajo, un grupo de personas gritaban y hacían ruido con ollas y otros utensilios...

Parecían gritar mi nombre...

Mas asustada que sorprendida, bajé la persiana y me agazapé en mi cama.

No habían pasado ni dos minutos, cuando sonó el timbre de la puerta.

Abrí mucho los ojos con pavor y me atusé el pelo con las manos.

Mi pijama estaba muy sucio y la cola de mi cabeza, ya no disimulaba los días que llevaba sin tocar el agua.

Busqué rápidamente algún jersey para ponerme encima.

Suspiré tranquila al ver en la estantería, alguna ropa limpia y doblada por mi madre.

Me la puse y abrí la puerta:

- Hola Teresa - Me dijeron al unísono un grupo de personas sonrientes - Has sido la elegida... ¡Felicidades!

Con las ollas y sartenes en las manos, entraron en mi piso...

Se separaron en grupos y cada uno de ellos, se colocó en cada una de las esquinas de mi cuarto.

Yo permanecí en medio de la sala, con los brazos caídos y sin poder moverme...

Comenzaron a gritar mi nombre de nuevo, como hacían cuando estaban abajo en la calle.

Poco a poco la habitación fue transformándose en una mucho más grande. 

La ventana se convirtió en un amplio balcón y el suelo que pisaba dejó de ser frío.

Esas personas continuaron gritando mi nombre, como si recitaran una poesía...

Nunca me había sentido tan arropada y especial.

Muchos parecían hacer reverencias hacia donde yo estaba.

Otros, caminaban alrededor de mi cuerpo, sujetando las ollas como si fueran objetos mágicos...

Y eso creo que eran...

Cuando terminaron de recitar mi nombre y de tocar los instrumentos caseros, uno por uno, me abrazó durante varios minutos.

Mi respiración acelerada e intranquila, se fue calmando. 

Mi corazón, dejó de latir tan fuerte.

Fue entonces, cuando perdí la conciencia, y caí rendida al suelo.

Esta mañana, me he levantado en mi piso, aún en mitad de la sala, pero cubierta por una mullida manta. 

Mi cuarto seguía siendo pequeño... La persiana continuaba echada y la estufa estaba helada... Sin embargo, aquella experiencia mágica, me hizo reaccionar.

En las noticias de la mañana, escuché como otro grupo de personas, habían conseguido evitar otro desahucio... Iban con ollas, haciendo mucho ruido y gritando frases rítmicas y sonoras.

Sonreí... 

Me he duchado, peinado y vestido con muchas ganas de estar bien.

Y aquí estoy, cerca de la ventana, esperando a mis padres que como todos los días vienen a levantarme...

Sé que se pondrán muy contentos de verme arreglada y con la habitación limpia...

Cuando lleguen, les contaré lo que he escuchado esta mañana en las noticias, y les animaré a que me acompañen a donde se reúnen las personas que están ayudando a los que les quitan lo que es suyo...

Ha llegado el momento de moverme y de actuar...

¿Te animas?



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