30 abr. 2013

En Otro Planeta


Se abrió la puerta del ascensor y un grupo de pingüinos verdes, salió de su interior.
Llevaba tiempo pensando en cómo decirles a mis padres, que la idea de irme a Asetron, era ya una realidad.
Vivir en aquel planeta oscuro, me estaba ahogando como si fuera un pez sin agua limpia.
Sin embargo, la visión de aquellos seres disfrazados de pingüinos, me hizo recapacitar en mis palabras:
- Papá, mamá – Comenzaría mi discurso con tono dúctil y relajado – Mi mayor afán en este universo es ser de utilidad – Respiraría hondo y continuaría hablando – Así que me voy a salvar animales al Ultramundo Cercano… Espero que no os moleste.
El Ultramundo estaba a unas pocas horas en los vagones exprés, al lado de nuestra casa. Mis padres creerían tener la oportunidad de verme cada semana y eso suavizaría el primer impacto de mi marcha.
Con lo que yo no contaba era, con lo que me esperaba al subir en aquel deteriorado ascensor, hacia el piso de mis padres.
Nada más entrar y cerrarse la puerta, se fue la luz.
Un gran golpe, impactó sobre el cubículo.
Cerré los ojos, deseosa de que aquello no fuera más que otra broma de los vecinos del quinto, y encendí mi visor de imágenes holográficas.
Nadie me había dejado ningún mensaje y parecía haber cobertura…
Contenta, aunque todavía nerviosa por el impacto, me senté en el suelo sucio del ascensor, ahora verde, por culpa de los disfraces de los anteriores usuarios.
Escuché a alguien susurrar algo detrás de la puerta.
- No hay nadie aquí. Tenemos que hacer que las manecillas del reloj vuelvan a ponerse en marcha.
Creo que se referían al reloj del último piso. Una Torre algo anticuada, pero muy tecnológica.
- Si no… - Hubo silencio – Nos quedaremos atrapados en esta época para siempre.
Un pequeño hombre, vestido con una capa roja, entró en el ascensor atravesando una de las paredes.
- Hola. Imagino que eres la superviviente del tren – Su voz parecía robotizada – No te preocupes… Vamos a sacarte de aquí.
Nada tenía sentido.
Yo vivía en aquella casa desde pequeña. Mis padres me esperaban arriba y nunca me había montado en un tren. Estaban tan obsoletos como los libros de papel.
- Tengo que advertirte – Me dijo aquel chico – Que nada ni nadie puede enterarse de tu rescate.
Convencida de que estaba en un sueño real, me pellizqué fuertemente uno de mis brazos.
- Ay – Grité – ¿No estoy soñando?
El personaje de la capa roja, me miraba con los ojos muy abiertos. Tanto, que se podían leer sus pensamientos: “Niña extraña… ¿Pero qué hace?”.
Le respondí que nada, que solo necesitaba comprender aquello y entonces seguramente me despertaría en mi hamaca.
- Eres una de las líderes de mi pueblo – Me dijo aquel hombre – Necesitamos que nunca nos dejes Teresa…
Estaba claro que se habían equivocado.
Intenté explicárselo a mi rescatador:
- Veamos – Le dije – No soy la líder de nadie y no me llamo Teresa… Tan solo soy una Retolana más, que desea huir de este planeta tan asfixiante. Ah – Recalqué – Y mi nombre es Turiel.
- Tienes mucha imaginación Teresa – Me respondió el hombre – Y creo que esa es la clave de tu futuro… Si lo tienes, claro.
Otro estruendo se escuchó a un lado del ascensor.
- Ha llegado el momento Teresa – Dijo – Coge mi mano e intenta no caer.
Lo que pasó después está borroso en mi mente.
Sé que un grupo de niños, disfrazados de pingüinos verdes, salían del ascensor, cuando desaparecí de esa dimensión.
Observé como mis padres bajaban corriendo por las escaleras, preocupados por el terremoto que acababan de vivir.
- Menos mal que Teresa no estaba en casa – Oí decir a mi madre – Si no, habría volado escaleras abajo como un pájaro.
Teresa…
Ellos también me llamaron Teresa…
No podía recordar más. Aunque sabía que ese no era mi nombre. Ni aquel mi planeta…
Me absorbieron estando dentro del ascensor y llegué a otro mundo, mucho menos avanzado que el mío.
Me dijeron que era su dirigente del futuro, y que por eso me salvaban.
No sé…
Todo es muy raro.
Desde hace días descanso en una habitación acolchada con almohadas blancas.
Pensaran que puedo dormir en las paredes o en el techo… Ni idea.
Lo que sí espero es que pronto vengan mis padres reales y me saquen de este ensueño, porque ya tengo sacado el billete para el planeta Asetron.
Solo de ida, por supuesto.

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