18 feb. 2012

No importa el paso del tiempo

(Relato que envíe a un concurso ya fallado)
Cuando te conocí, lo supe de inmediato.
Eras la persona que había buscado desde niño.
Tu mirada se clavó en la mía y casi te pude leer la mente.
¿Quién eres? ¿De qué galaxia vienes?  Eres tan delicada como un pétalo de amapola y sin embargo, sabes tan bien lidiar con el mundo…
Cuando te conocí, quise decirte lo mucho que deseaba pasar el resto de mi vida contigo. Pero no tuve el valor de hacerlo.
Hoy lo sé… El tiempo no se detiene. Y los momentos no vividos no regresan.
Te deseaba como hoy lo hago. Para mí, ha pasado tan solo un segundo desde que te vi girar la esquina de la calle.
Si entonces, hubiera sabido lo que hoy conozco, habría sido más valiente y te habría dado el beso que te di anoche.
Tus ojos brillaban como cuando eras joven y pude leerte la mente de nuevo.
Toda una vida sin ti no ha sido bastante para olvidarte.
Hemos vivido (o más bien sobrevivido), el uno sin el otro, demasiado tiempo…
Ahora, a pesar de nuestra edad, quiero que sepas que soy el mismo muchacho que conociste.
Y que siempre te he querido.
Nunca he dejado de pensar en ti y en mi falta de arrojo…
No me importa el tiempo que nos queda en este mundo…
Deseo, quiero y necesito pasar el resto de mis horas a tu lado.
Llegar a la residencia y verte en la cafetería, fue como un sueño, repetido mil veces en mi cabeza.
Nunca me casé. Ya lo sabes. Hoy sé, que tú tampoco…
Anoche me dijiste ruborizada, después de darte el beso:
- No vayas deprisa… aunque vivo contigo en mi mente desde que te conocí, esto ya no es ilusión… es real… y quiero disfrutarlo como si no hubiera mañana.
Es lo que yo deseo. Más que nada en el mundo.
Sé que suena extraño, pero para mí, es como si esta noche hiciéramos nuestras bodas de oro.
Un día juntos y cincuenta años separados…
Mi pequeña amapola… cuidaré de ti hasta que las fuerzas me abandonen.
No tienes que preocuparte. Tu silla de ruedas, nunca fue un obstáculo para amarte.
El freno siempre estuvo en mi cabeza y en mi miedo no sé a qué…
Si hubiera sabido que llevas en la residencia de ancianos tantos años, habría venido antes. Aunque no hubiéramos estado juntos y aunque tú nunca hubieras estado interesada en mí... Con solo mirarte cada día, habría sido más que suficiente.
No importa el paso del tiempo mi amapola.
Te prometo que seremos inseparables. Pase lo que pase.
Te amo.

10 comentarios:

Tropiezos y trapecios dijo...

Nunca es demasiado tarde si la dicha es buena :-)

Esta historia que cuentas es amor del verdadero. Cuando no eres capaz de estar con otras personas porque solo piensas en ella...entonces sabes que es la mujer de tu vida.

Lástima que tantas veces, por orgullo o cabezonería, las personas de nuestra vida pasen y nos quedemos (o no) con otras que no nos llenan.

Un saludo.

Oski.

Carol dijo...

Hola Oski :)
Muchas gracias por tu comentario :D Como tú dices: Nunca es demasiado tarde si la dicha es buena ;) Un abrazo

TRILCE dijo...

Lo leí complementando con una visión profunda, me agrada el estilo, una mezcla de sensaciones e imágenes que captan cualquier mirada. Saludos

Carol dijo...

Hola TRILCE :D
Me gusta mucho que te agrade el estilo ;) Muchas gracias por tus palabras! Un abrazo

Francisco M. dijo...

Muy currado :)

Un saludo,
Francisco M.

Gilberto Cervantes dijo...

Un relato que atrapa desde la primera letra, y el final Barbaro!!

Me encantan tus letras Carol, escribes muy bien. Te sigo sin dudarlo!

Las puertas de mi blog estan abiertas para cuando quieras llegar.

Saludos y se feliz!

Jurema dijo...

Hola!
Demasiado tiempo sin venir a verte. No he podido.

Me ha llegado y emocionado.

Saludos

Carol dijo...

Hola Francisco M. :D Muchas gracias! Un abrazo

Carol dijo...

Hola Gilberto :) ¡Qué bien! ¡Muchas gracias! Me alegra mucho que te guste. Un beso y sé feliz ;)Yo también te sigo :D

Carol dijo...

Hola Jurema :) Muchas gracias por tus palabras y tu visita ;) Abrazos