25 mar. 2011

La Dimensión Desconocida

Relato escrito el 8 de septiembre de 1991 (cuando tenía 15 años).



Un día como otro cualquiera, Alicia se levanta de la cama para ir al instituto en el que estudia. Están acabando las clases, así que hace algo de calor en la calle. El tiempo es de estos raros, en el que puede hacer calor o frío, así que se ve a gente con manga larga y otros en tirantes.



Camino del instituto, Alicia se siente feliz, tiene ganas de acabar el curso.

Cuando va a mitad de camino, justo en el bar por el que pasa todas las mañanas, Alicia ve a alguien, que le resulta conocido. Se acerca un poco más para ver mejor.

Sí, es su amiga Elisa, que acaba de verla y le hace gestos con las manos para que vaya. Así que Alicia, siempre tan dispuesta y alegre entra en el bar. Se acerca a la mesa donde la había visto, y empieza a hablarle:



- ¡Eh! ¿Cómo tú por aquí? Porque… - Pero a mitad de la frase se da cuenta de que no es Elisa, la que está sentada en aquella mesa, sino un hombre mayor, con una larga barba blanca.



Alicia se queda muy parada y se disculpa. El hombre la invita a que se siente. Ella le dice que tiene prisa, pero el hombre insiste, diciéndole que tiene algo que decirle.



El hombre mayor se presenta:



- Me llamo Javier.



Seguidamente pide al camarero un café solo, y se queda en silencio.



Alicia estaba sugestionada, no sabía que hacer ni que decir.

Pasaron unos largos minutos, cuando el hombre dijo:



- Bueno, ya es hora de que lo sepas… ¿Te das cuenta de que este bar no es igual que antes?



Alicia no sabía exactamente que quería decir con eso de “antes”… Pero sí, se fijó en que el bar era distinto a anteriores días.

La verdad era que ella casi nunca se fijaba en el aspecto de los edificios y calles. Ella caminaba, siempre para llegar a su trabajo, nunca fue observadora.



El hombre continuó:

- Yo soy adivinador. Te he visto con el poder de mi mente entrar en este bar. Pero en otro tiempo. De pronto estabas aquí, en mi tiempo. Curioso, ¿no? Nunca creí que llegara a ver de verdad a alguien del futuro.



Alicia mientras tanto, pensaba y pensaba y no se lo creía. Miró hacia el exterior, y se dio cuenta de que la calle ya no era igual. Había como más pobreza, y las calles no estaban asfaltadas. El aire que se respiraba era distinto y el color del cielo era muy tenue.

El hombre habló de nuevo:



- Cuando entraste en este bar, entraste en una máquina del tiempo. Estabas en un sitio, a una hora perfecta para que este fenómeno ocurriese. Tal vez no se vuelva a repetir en miles de años…



La pobre Alicia se quedó ensimismada.

Lo que había sido un levantar feliz y alegre, pronto se convirtió en un terrible día, gracias a la dimensión desconocida, en la cual nunca creyó Alicia, pero ahora, tendría que vivir en un tiempo antiguo, sin padre, sin madre, sin familia y sin amigos.



Tal vez encontraría en esa época a su tatarabuela y se quedara a vivir con ella.



Quién sabe de lo que es capaz… la Dimensión Desconocida.

9 comentarios:

Fibonacci dijo...

Un buen relato, me ha gustado esa dimensión, que bonito sería de verdad que existiera, al menos a mí me encantaria...un besote y felicidades por este relato de hace años.

La.Eu dijo...

Me ha encantado. Ya se notaba por este relato, que desde hace años, tu fantasia y tu forma de escribir es genuina. Un abrazo.
Te he querido votar pero no sale tu blog de relatos cortos... sino otros ¿estará este en otra dimesión?

Carol dijo...

Fibonacci: Muchas gracias :) He encontrado alguno más, entre todo lo que he escrito desde pequeña, así que pronto colgaré otro relato del "pasado" ;) Un abrazo!

La.Eu: Me alegra que te haya gustado! Besos :)

María dijo...

Hola Carol.

He intentado seguir tu blog y no me deja internet. Esta mañana está poco positivo. Feliz día.

María

pepe.rg dijo...

te invito a leer el proximo lunes los tres ultimos capitulos, te vas a soprender.

Común dijo...

Hola!!!

Vos que haces unos relatos intensos, podrías ver la narración de mi amiga??

Buen fin de semana y un abrazo de oso.

Carol dijo...

Hola María: No sé qué puede pasar… En fin… Espero que no sea algún fallo de mi blog…Feliz día :D

pepe.rg: Muchas gracias por tu comentario :) Acabo de leer los últimos capítulos y estoy contenta de esa visión tan positiva que tiene Noa… es cierto lo que dice. El perdón nos sana a nosotros mismos, aunque siempre hay que saber defender nuestros derechos como personas. Nos merecemos todo lo bueno que nos pase. Lo importante es querernos a nosotros mismos y actuar en consecuencia ;) Un abrazo


Gracias Común! :) Y claro que estaré encantada de verla (aunque no soy una experta…). Muchos ADOGs (abrazos de oso gigantes… Suelo ponerlo cuando me escribo con algunas de mis amigas) ;) Besos

Carmen Silza dijo...

Hola Carol,me ha gustado este relato...Gracias por visitarme y hacerte seguidora de rodar y volar...Estoy intentando hacerme seguidora de tu bloc pero no veo la forma....Si me orientas un poco estoy encantada de seguir tus letras, es un place Carol...Feliz fin de semana...Besos

Carol dijo...

Hola Carmen! Me alegra que te haya gustado :D Te puedes hacer seguidora en facebook (lo ves al final del blog), o en networked blog y blogger, que lo he puesto en la columna de la derecha. Muchos besos :)